Junio, el mes de la infertilidad: ¿Sabemos interpretar los resultados?

Sangrado en implantación

El mes de junio es el mes mundial de la infertilidad y se celebra con el fin de insistir sobre los problemas de fertilidad que ocurren cada vez con más frecuencia en la población.

Y hablar de infertilidad es hablar de reproducción asistida. España, tras EE. UU. y Japón es el país que mayor número de ciclos de reproducción asistida realiza, pero también es el segundo país de Europa con menor tasa de natalidad. Por lo tanto, no es de extrañar que casi un 10% de los niños nacidos durante el año 2020 se deban a estas técnicas.

Afortunadamente, desde hace algunos años, la sociedad ha evolucionado y acepta la infertilidad como un problema a solucionar, no como una lacra que había que ocultar e intentar resolver en secreto. La información tanto online como con el “boca a boca” (“yo conseguí mi embarazo en tal clínica” …), permite que el acceso a los tratamientos de reproducción asistida esté al alcance de las personas que lo necesiten. Y esta situación, considerablemente mejor que antaño, tiene también, como en todo, sus puntos negros que deben de ser tomados en cuenta. Y es que, la información, en muchos casos, o no es exacta (en ocasiones francamente “inexacta”), o demasiado triunfalista.

Por ello, es conveniente analizar los datos sobre los resultados de los tratamientos de reproducción asistida.

Desde hace casi 10 años (2014), el Ministerio de Sanidad exige la obligatoriedad de participar en el registro de actividad que durante muchos años de manera voluntaria había realizado la Sociedad Española de Fertilidad (SEF). Con este registro se tiene una visión bastante exacta de la evolución de las técnicas de RA que se están realizando en España, sus resultados y sus posibles complicaciones.  En 2020 (último registro publicado), en nuestro país se realizaron 37.782 ciclos de FIV-ICSI con ovocitos propios de los que 35.502 terminaron en punción y 3970 en parto (10% de los ciclos iniciados, 11% por punción y 25 % por transferencia de embriones).

Dado que el año 2020 fue el año de la pandemia, con lo que el número de tratamientos descendió, como es lógico, considerablemente, vamos a analizar los resultados de 2019. En ese año, se realizaron 45. 836 ciclos de ciclos de FIV-ICSI con ovocitos propios de los que 41. 092 terminaron en punción 22.667 en transferencia embrionaria, y 5.852 en parto (12,7% de los ciclos iniciados, 14,2% por punción y 25,8 % por transferencia de embriones). Como se puede comprobar, los resultados no difieren mucho entre los dos años, lo que nos lleva a una primera conclusión: no es fácil conseguir embarazos.

Los resultados de gestación se pueden presentar de muchas formas: por ciclo de fecundación in vitro iniciado, por tratamiento que ha llegado a punción o, en la mayoría de los casos se muestran las tasas de embarazo por transferencia. Es decir, cuando después del tratamiento con hormonas, se realiza la punción y finalmente la transferencia de embriones. En estos casos, como es lógico, el resultado es mejor, porque hay muchos ciclos que no llegan ni siquiera a punción. Pero, además, se pueden presentar los datos como porcentaje de embarazo o porcentaje de partos. Creo sin lugar a duda que lo realmente importante es conocer cuantos niños han nacido, no cuantas mujeres han logrado el embarazo.

Por todo ello, si analizamos los datos desde el año en que se hizo obligatorio para todos los centros presentar los resultados al registro, podemos comprobar que el número de tratamientos de fecundación in vitro con ovocitos propios no ha aumentado progresivamente a lo largo de los años, y que tampoco ha aumentado el número de partos por tratamiento.

Pero no todo es negativo. La criobiología y las técnicas de vitrificación han mejorado los resultados de reproducción asistida. Desde el mismo período de tiempo: de 2014 a 2020, el número de tratamientos de descongelación de embriones que provienen de ovocitos propios, han aumentado, con unas tasas de gestación por transferencia similares a las obtenidas con embriones en fresco.

 

Así, obtenemos las siguientes cifras si sumamos los partos conseguidos con embriones en fresco y congelados desde 2014 a 2020 que, como se puede observar, tampoco han aumentado en el tiempo, y la tasa de parto por transferencia no llega al 30%.

Además de la dificultad de conseguir una gestación en los tratamientos de reproducción asistida, ¿Qué conclusiones pueden derivarse del análisis de los resultados?

Estamos asistiendo a un aumento considerable de las nuevas tecnologías y complementos en reproducción asistida con la finalidad de conseguir mejorar la posibilidad de embarazo, así como acortar el tiempo de este. Sin embargo, y ante la evidencia de los resultados, podemos comprobar que, por el momento, únicamente la congelación de embriones (y de ovocitos), es la técnica que ha conseguido este objetivo.

Las causas por las que no sólo no han ido aumentando paulatinamente los tratamientos de fecundación in vitro con ovocitos propios, sino que tampoco lo han hecho las tasas de embarazo y parto, son múltiples, y deberían ser objeto de estudio y de debate entre los profesionales, antes de felicitarnos por el éxito de nuestros tratamientos.

Debemos de ser prudentes a la hora de informar a las pacientes sobre su probabilidad de éxito y, sobre todo, individualizar el uso de nuevas tecnologías y complementos sin conocer su verdadera utilidad.

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